Nuestra escapada romántica ideal en Costa Rica en Maquenque Lodge.

No estábamos buscando un hotel de lujo.
No queríamos ciudad, ruido ni itinerarios llenos.

Este 2026 queríamos algo diferente: tiempo juntos, naturaleza y experiencias que recordáramos para siempre. Así fue como llegamos a Maquenque, y sin saberlo, encontramos uno de los viajes más especiales de nuestra vida en pareja.

Desde el primer momento sentimos que este lugar no era solo un destino — era una experiencia pensada para compartir.

Llegar y sentir que el mundo se detiene.

El camino hacia Maquenque ya nos iba preparando. Cada kilómetro nos alejaba del estrés y nos acercaba al verde infinito del bosque tropical.

Cuando finalmente llegamos, lo primero que notamos fue el silencio… pero no un silencio vacío, sino lleno de vida: aves, hojas moviéndose con el viento, sonidos del bosque.

Nos miramos y sonreímos. Sabíamos que habíamos elegido bien.

Dormir en lo alto de los árboles.

Nuestra habitación estaba elevada, entre los árboles, con un balcón que daba a la laguna y al bosque. Era como tener nuestro propio refugio en la selva.

Por las mañanas despertábamos al canto de las aves y a la neblina suave sobre el agua. Por las noches, el sonido del bosque nos arrullaba.

El detalle que más nos sorprendió fue el sauna privado. Después de un día de actividades, relajarnos juntos allí, rodeados de naturaleza, fue simplemente mágico.

Nunca habíamos sentido tanta privacidad y conexión al mismo tiempo

Un masaje en medio del lago.

Uno de los momentos más inolvidables fue el masaje para parejas en medio del lago.

Sí, literalmente en medio del agua, en un espacio íntimo rodeado de naturaleza. El balanceo suave, los sonidos del bosque y la sensación de desconexión total hicieron que el tiempo se sintiera diferente.

No hablábamos mucho.
No hacía falta.
Estábamos presentes, juntos, disfrutando.

Fue uno de esos momentos que no se pueden fotografiar bien, pero que quedan grabados en la memoria.

Maquenque Lodge

Una cena romántica en el corazón del bosque

Esa noche tuvimos una cena privada en medio del bosque.
Una mesa suavemente iluminada, velas, naturaleza alrededor y una tranquilidad absoluta.

No había pantallas.
No había prisa.

Solo conversaciones largas, risas y la sensación de estar en nuestro propio mundo.

La comida, con ingredientes locales y sabores auténticos, hacía que todo se sintiera aún más especial.

Chocolate, café y vida rural

Otro día participamos en experiencias rurales cercanas. Aprendimos sobre el cacao, probamos chocolate artesanal y compartimos con productores locales.

También vivimos la experiencia del café, desde la planta hasta la taza. Fue hermoso ver cómo algo tan cotidiano tiene tanta historia y dedicación detrás.

Estas actividades nos hicieron sentir conectados no solo entre nosotros, sino también con la cultura y la gente del lugar.

Aventuras compartidas

Entre kayak en la laguna, caminatas por la selva y observación de fauna, cada día traía algo nuevo.

Vimos aves de colores impresionantes, monos moviéndose entre árboles y atardeceres que parecían pintados.

Cada experiencia era un recuerdo más construido en pareja.

Lo que más nos llevamos de Maquenque

No fue solo el paisaje.
No fue solo la comodidad.

Fue cómo el lugar nos hizo bajar el ritmo, conversar más, reír más y mirarnos más.

Nos fuimos sintiendo que habíamos tenido tiempo real de calidad, algo que hoy es tan difícil de conseguir.

Por qué recomendamos Maquenque a otras parejas en 2026

Si una pareja nos preguntara dónde ir para reconectar, celebrar su amor o simplemente compartir algo diferente, lo diríamos sin dudar: Maquenque.

Porque aquí el romance no es forzado.
Surge solo, gracias al entorno, la privacidad y las experiencias.

Nuestro consejo

Vayan sin prisa. Dejen el celular a un lado. Permítanse disfrutar. Porque algunos viajes no solo se hacen para conocer lugares, sino también para volver a encontrarse como pareja. Y eso fue exactamente lo que vivimos en Maquenque.